¿Cómo pueden las Empresas transformarse en verdaderos agentes de inclusión social ?
Marzo 6, 2008
Según el último informe publicado por la Secretaria de Derechos Humamos de la Nación y UNICEF , existen en la República Argentina más de 20 mil niños, niñas y jóvenes que residen en Instituciones, es decir Institutos u Hogares.
En nuestro país estas Instituciones están divididas en dos categorías: las de régimen cerrado, que albergan jóvenes que han cometido algún tipo de delito, y las de régimen abierto o de tipo asistencial, es decir aquellas que albergan niños y jóvenes cuyas familias no pueden garantizar su cuidado ni el desarrollo saludable de sus capacidades. Estas últimas, albergan más del 87 %, del total de niños, niñas y adolescentes institucionalizados en el país, lo cual invita a pensar en la incidencia de cuestiones en torno a la pobreza y marginación de las propias familias cuyos niños y jóvenes deben residir en una Institución.
Durante los años de residencia en una Institución de tipo asistencial, tanto la educación formal como la alimentación y la vestimenta son garantizadas por el Estado Nacional. Sin embargo sabemos que el desarrollo pleno de las capacidades de una persona no está dado solamente por la satisfacción de sus necesidades básicas, sino que éste es tan solo el punto de partida.
Al cumplir los 21 años, estos jóvenes están obligados a egresar de la Institución . A partir de aquí comienzan a recorrer un camino de reinserción social, generalmente enmarcado en un contexto de gran soledad y aislamiento. Los motivos principales de este difícil contexto son la falta de referentes familiares y de grupos de amistades estables y el fuerte aislamiento social, consecuencia de los extensos periodos que han transcurrido en las Instituciones.
La ausencia de acciones tendientes a preparar a los jóvenes para el momento en que deben enfrentar el acceso al mercado laboral deja al descubierto la necesidad de generar políticas y programas de gobierno que aborden la institucionalización como un recurso transitorio de tutela y oportuno para fortalecer a estos jóvenes en cuanto la generación de un proyecto de vida apoyado en la cultura del trabajo.
En este sentido, la interacción con otros actores sociales es una de las actividades básicas a promover, a fin de generar redes sólidas que puedan funcionar como sostén al momento en que estos jóvenes deban egresar de los Hogares.
Al contrario, lo que encontramos actualmente son políticas que retroalimentan el circuito de marginación del cual ya eran víctimas estos jóvenes antes de ingresar a la Institución. Esta retroalimentación de la que hablamos se explica por dos razones: la primera, porque las capacitaciones que reciben los jóvenes son de muy baja calidad y no están acorde con los requerimientos actuales del mercado laboral; y la segunda, porque en la mayoría de los casos los jóvenes no tienen la oportunidad de elegir qué es lo que quieren hacer o estudiar, razón por la cual no capitalizan el aprendizaje recibido como relevante en sus vidas.
De esta manera, el momento del egreso plantea una encrucijada difícil de resolver, ya que no sólo deben sortear las consecuencias derivadas del aislamiento social del cual son víctimas, sino que, además, quedan expuestos a situaciones de explotación laboral o a prácticas ilegales, como puede ser el ingreso a grupos delictivos, a raíz de la falta de herramientas efectivas para enfrentarse con las exigencias propias del mercado laboral. No debemos olvidar que la salida del Hogar trae como consecuencia la necesidad inmediata de generarse un ingreso económico que les permita auto valerse.
No obstante la difícil situación por la que atraviesan los jóvenes institucionalizados, ellos mismos dan muestras constantes de que son capaces de “revertir” estos efectos y de comprometerse con un proyecto de vida autónomo. Como condición para que esto suceda es imprescindible que otros sectores de la sociedad, además del Estado, puedan reconocerse como inclusores en el proceso de integración social. Por este motivo, es fundamental una actitud proactiva, comprometida y responsable de las Instituciones del sector público, privado y social que son las que están en condiciones de promover la inclusión de estos jóvenes, es decir, el Estado, en su rol tutelar, los Hogares, en el sostenimiento del joven durante el proceso de egreso, las organizaciones de la sociedad civil articulando y acercando a las partes y las empresas en su capacidad de brindar oportunidades genuinas de trabajo que produzcan experiencias laborales positivas.
Las empresas están hoy en condiciones privilegiadas para realizar una transición que las lleve de la generación de acciones sociales aisladas o filantrópicas a transformarse en poderosos agentes de inclusión social. De esta manera, la transferencia de know how al momento de formar a los jóvenes y su capacidad para otorgar posibilidades concretas de empleo digno son herramientas fundamentales para lograr la inclusión real de esta población.
Sólo la articulación de estos tres sectores -público, privado y sociedad civil- en el cumplimiento de la responsabilidad social que les compete por el lugar que ocupan en la sociedad permitirá encontrar la solución a ésta problemática específica, la cual está, al mismo tiempo, íntimamente ligada a otra, estructural, y de gran incidencia para el desarrollo del país: la exclusión del mercado laboral de la población joven en su conjunto.
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