Idebate.ñ volumen 2 - Carta del director

Febrero 12, 2009

Idebate.ñ volumen 2 - Carta del director

Pasajeros de la transición democrática: no todos consiguen su lugar en este tren.
Por Hernán Bonomo / Director de Idebate.ñ

Imaginemos que la transición hacia la democracia es un tren que, desde su partida hace unas tres décadas, recorre América Latina sumando cada día a su recorrido nuevas comunidades. A medida que los procesos sociales de cada país fueron evidenciando reclamos de inclusión, de participación, de derechos y de libertad, el recorrido de la transición se incrementó: se ha hecho mas abarcativo, mas complejo y menos predecible.

Es por pocos cuestionado el hecho de que el tren está en marcha; las evidencias se pueden encontrar en extraordinarias experiencias de inclusión de mayorías como en los casos de Bolivia tras la elección de 2005, en Ecuador, Paraguay, Brasil, Venezuela y tantas otras naciones en las que se ha incrementado la participación ciudadana por parte de importantes segmentos de población tradicionalmente excluidos. Resulta incuestionable también que la puesta en marcha de este tren ha generado en América Latina enormes expectativas, y que los resultados frente a esas expectativas continúan siendo en muchos casos insuficientes y frustrantes: en el despertar democrático de fin de siglo, casi todas las comunidades latinoamericanas han sacado su boleto, pero el tren de la transición—un servicio público al fin-—ha transitado hasta el día de hoy un rumbo mas o menos errático, cuya eficiencia varía de acuerdo al país, a las comunidades y segmentos poblacionales que transita.

Estas diferencias se ven en las múltiples realidades que conviven hoy en nuestro continente. Los contrastes pueden incluso resultar tan notables que en algunos casos la idea de una transición democrática general resulta poco esclarecedora. Podemos en cambio hablar de distintas transiciones que tienen lugar simultáneamente; procesos que no necesariamente tienen rumbos similares, sino que por el contrario, en muchos casos parecen ir en sentido contrario al del tren. Aún aceptando el supuesto de que, en términos institucionales, el rumbo lleva generalmente hacia la inclusión, debemos preguntarnos qué sucede en el nivel de los individuos y sus posibilidades de acceso a los derechos más elementales; qué sucede con las minorías, sean ellas religiosas, étnicas, culturales y de género en nuestros países. ¿La democratización alcanza a todos por igual, o por el contrario, existen poblaciones cuya marginación se mantiene—o incluso se ha profundizado?

Dentro de los contrastes observables, podemos destacar la diferencia entre la velocidad de los avances en términos de libertad de expresión frente a la lentitud en otras áreas de construcción institucional que permitan mejoras en cuanto a la igualdad de oportunidades, acceso a condiciones de vida dignas y trabajo. Estas dos velocidades representan por un lado la profundidad de la democratización en la sociedad civil, y por el otro lo que sucede con los mismos procesos en los estados. Será por esta disparidad que los proyectos de jóvenes que apuntan a la inclusión desde la construcción de identidad, desde el arte y formas expresivas en general han logrado una mayor profundidad que aquellos que abordan la inclusión desde lo económico y desde el acceso al mercado de trabajo. Estos últimos enfrentan obstáculos estructurales mayores; requieren una participación activa del estado, mayores recursos y su éxito está intimamente ligado a la solución de problemas socio-económicos complejos.

Seria erróneo asumir sin embargo que esta asimetría entre estado y sociedad civil se refleja por igual en todos los casos. Para una importante cantidad de personas y grupos minoritarios, los logros obtenidos en materia de legislación y tratados internacionales en cuanto a la revindicación de sus derechos ha sido notable, mientras que la aplicación y ejercicio efectivo de esos derechos ha encontrado enormes resistencias desde la misma sociedad civil, que convierten esos avances virtualmente en letra muerta.
La selección de historias de la presente edición intenta reflejar algunas de estas asimetrías y contrastes, incorporando nuevamente la relación entre arte e identidad abordada en el número anterior, junto a otros relatos que reflejan caminos que aún falta recorrer desde la educación, la construcción de tolerancia y desde la generación de oportunidades para los jóvenes hacia una inclusión efectiva. En su nota sobre el rap boliviano, Johana Kunin explica cómo los jóvenes bolivianos están redefiniendo desde la música su identidad, y de qué manera estos movimientos hacen eco de la revolución que llevara a Evo Morales a la presidencia en 2005. El contexto general de cambios sociales en Bolivia ha resultado un poderoso estímulo para el desarrollo de la creatividad y de la búsqueda de identidades comunes que conecten pasado, tradición, presente y futuro por parte de los jóvenes. Muy diferente es sin embargo la lectura de este contexto para las comunidades transexuales, transgénero y homosexuales, que también han sufrido marginación históricamente, y que hoy día continúan enfrentando enormes dificultades y discriminación en su búsqueda de reconocimiento, integración y derechos. En este sentido, las historias de reconocidos militantes por los derechos de las personas transgénero de Chile, Argentina y los Estados Unidos incluidas en este número reflejan las ambigüedades del contexto de apertura democrática, y algunos de los espacios que continúan esperando en las márgenes del recorrido de la transición.
Hemos señalado lo engañoso que puede resultar interpretar la transición democrática de la región en clave de recorrido lineal, ya que aún cuando se pueden encontrar contextos similares—notablemente la deuda pendiente de inclusión de los pueblos originarios—los resultados son en algunos casos sumamente diferentes. Si contraponemos el caso de Guatemala a lo señalado en Bolivia, observamos que la apatía general continúa caracterizando la participación política de las comunidades mayas a nivel nacional, aún en un contexto de recuperación de la identidad, valores y tradiciones de la transición pos-conflicto que en otros aspectos resulta muy similar al caso boliviano. Al contrario de lo que sucede en Bolivia, el sentimiento que prima en las comunidades mayas de Guatemala respecto al estado es de desconfianza. La sección de notas de este país incluídas muestra en cambio un fuerte trabajo hacia la recuperación del tejido comunitario tras la devastadora campaña de exterminio padecida durante los años del conflicto armado.
Hasta aquí entonces nuestra propuesta para este segundo número de Idebate.ñ. Los invitamos a disfrutar de la selección de relatos, investigaciones, entrevistas y análisis que hemos armado, y esperamos continuar contando con la participación de todos ustedes a través del blog idebate.org/es. ñ

Todos los artículos incluidos en el número 2 de Idebate.ñ estarán disponibles on line en esta página a partir de Marzo.

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