Inmigrantes enfrentan deportación por parte de hospitales en Estados Unidos

Septiembre 29, 2008

Agosto 3, 2008

Por DEBORAH SONTAG (Traducción de articulo original publicado en The New York Times)
JOLOMCÚ, Guatemala —Desde la pequeña cama, en la habitación donde pasa sus días y noches en la sierra guatemalteca, Luís Alberto Jiménez no tiene idea de la batalla legal que su historia ha desatado en los bajos de la Florida. Ahuyentando las moscas a su alrededor, y sonriendo ocasionalmente a su anciana madre, que es además la única persona a cargo de su cuidado, Luís representa con crudeza las fallas de dos sistemas norteamericanos, que entraron en colisión en su caso: los sistemas de salud y de inmigración.

Hace ocho años, Luís–un inmigrante indocumentado de 35 años, que trabajaba como jardinero en Florida–sufrió heridas devastadoras al ser chocado el automóvil en el que iba por un conductor alcoholizado. Un hospital de la comunidad le salvo la vida—dos veces—y tras intentar sin éxito encontrar un centro de rehabilitación que accediera a recibir un paciente sin seguro medico, lo tuvieron bajo su cuidado durante años, a un costo de 1,5 millones de dólares.

Lo que sucedió luego estableció las condiciones para una batalla legal que tendría repercusiones a nivel nacional: Luís fue deportado, no por las autoridades federales, sino por el mismo hospital, que tras obtener un fallo favorable de una corte estatal de primera instancia, rento un avión ambulancia, y repatrió a Luís a Guatemala por la fuerza.

Desde su llegada a su remoto hogar, Luís—que padece daños cerebrales severos—no ha recibido tratamiento alguno, con la excepción de Alka Seltzer y oración por parte de su madre de 72 años. A lo largo del ultimo año, la salud de Luís se ha deteriorado marcadamente, con ataques de apoplejía a menudo seguidos por convulsiones, vomito de sangre y inconciencia. “Con cada ataque, Luís pierde un poco de si” dice su madre Petrona Gaspar en Kanjobal, su idioma natal.

EL caso de Luís expone a la luz una práctica poco conocida, pero cada vez mas frecuente. Muchos hospitales norteamericanos están repatriando pacientes inmigrantes con enfermedades serias y de tratamiento costoso por cuenta propia, debido a que no pueden encontrar centros de rehabilitación dispuestos a aceptarles sin seguro medico. El sistema publico Medicaid no cubre cuidados de largo plazo para inmigrantes indocumentados, o para inmigrantes recientes, lo que genera un vacío institucional que los hospitales deben llenar, obligados por ley a hacer los arreglos pos-hospitalarios necesarios para aquellos pacientes que lo requieran. Las autoridades inmigratorias no desempeñan ningún rol en estas deportaciones privadas, llevadas a cabo mediante ambulancias comunes, aéreas, y vuelos comerciales. La mayoría de los hospitales asegura que no realizan estas repatriaciones sino hasta que los pacientes se encuentran estables, y que efectúan los arreglos necesarios para que sean recibidos por hospitales u otras instituciones en sus países de origen.

Sin embargo, algunos defensores de los derechos de inmigrantes ven a estas repatriaciones como una practica para deshacerse de pacientes costosos, con ambulancias que a menudo los llevan a lugares equivocados, a centros de salud incapaces de proveer los cuidados necesarios, y en algunos casos, incapaces de ofrecer cuidado alguno.

“Las repatriaciones son en algunos casos una sentencia de muerte”, afirma el Dr. Steven Larson, experto en salud migratoria, que atiende en la sala de emergencias del Hospital de la Universidad de Pennsylvania. “He visto pacientes tirados dentro de aviones fuera del país; una vez que están fuera, ya nadie se ocupa, y asunto terminado.”

Funcionarios de hospitales ven a estos casos como una costosa carga, producto de unos sistemas de inmigración y salud publica disfuncionales. En muchos casos, dicen, la alternativa es mantenerlos indefinidamente en instituciones de cuidados intensivos no preparadas para este tipo de pacientes. “Esto pone una carga adicional en el sistema, que hace que no podamos hacernos cargo adecuadamente de nuestros propios ciudadanos” dice Alan B. Kelly, vice presidente de Scottsdale Healthcare en Arizona. “Una cama ocupada es una cama ocupada.”

Las repatriaciones médicas ocurren con una frecuencia variable, y con un grado de consentimiento por parte de los pacientes que también varia de hospital en hospital y según el estado. No existe un registro estadístico de estos casos, por lo que resulta difícil cuantificar la seriedad del problema.

Unos pocos hospitales y consulados ofrecen datos estadísticos reveladores: unos 96 inmigrantes por año son repatriados por el hospital St. Joseph en Phoenix; de 6 a 8 pacientes al año por el Broward General Medical Center en Fort Lauderdale, Florida; 10 pacientes fueron regresados a Honduras desde hospitales en Chicago desde 2007; unos 87 casos de inmigrantes Mexicanos— y 265 personas heridas mientras cruzaban la frontera—fueron manejados por el consulado Mexicano en San Diego el ultimo año, la mayoría de los cuales terminó en repatriaciones.

En suma, el tráfico de pacientes es lo suficientemente grande como para mantener al menos una empresa dedicada a repatriaciones. MexCare, fundada 6 años atrás en California, opera en todo el país a través de una red “de mas de 28 hospitales y centros de tratamiento en toda América Latina.” La empresa se presenta como “una alternativa para el cuidado de latinoamericanos sin cobertura alguna”, prometiendo “ahorros significativos para los hospitales estadounidenses” buscando “aliviar la carga financiera ocasionada por prestaciones no pagadas.”

Muchos hospitales efectúan repatriaciones únicamente como ultimo recurso. “En nuestro hospital, hemos arreglado vuelos de repatriación a Lituania, Polonia, Honduras, Guatemala y México”, dice Cara Pacione, directora de trabajo social en el Mount Sinai Hospital de Chicago. “Pero sobre una docena de casos al año, probablemente repatriamos tan solo un par”

Otros hospitales tienen una política mas agresiva, deportando inmigrantes sin cobertura rutinariamente, tanto indocumentados como inmigrantes legales. Un hospital de Tucson intento incluso deportar a un ciudadano estadounidense, un bebe enfermo cuyos padres eran inmigrantes indocumentados el año pasado. La policía, alertada sobre la situación, impidió la salida del avión rumbo a México. “Fue espantoso” describió la madre.

La hermana Margaret McBride, vice presidenta de servicios misionarios del St. Joseph’s en Phoenix, que es parte de la prestadora Catholic Healthcare West, dice que las familias casi nunca están de acuerdo con la repatriación de sus miembros por parte del hospital. Sin embargo, agrega, “no precisamos de su consentimiento.”

En un caso que provoco la indignación de la comunidad hispanoamericana de Phoenix, el St. Joseph intento repatriar a un inmigrante indocumentado hondureño, hasta que lideres comunitarios contrataron abogados para interceder a favor del paciente. Durante la negociación con el hospital, la paciente, Sonia del Cid Iscoa de 34 años, que había residido en los Estados Unidos la mitad de su vida y tenia siete hijos nacidos en el país, despertó del coma. Al poco tiempo, Sonia retorno a su hogar en Phoenix.
“Se me ocurren tres escenarios posibles que hubieran terminado en tragedia, de haber sido Sonia deportada”, reflexiona su abogado John M. Curtin. “El buen resultado de hoy se debe al tratamiento que el hospital le proporciono, debido lamentablemente a la presión de la opinión publica y legal”.

A diferencia de los casos de la Sra. Iscoa y de Luís, la mayoría de los pacientes sin cobertura en casos de repatriación no cuenta con defensores de sus derechos luchando por ellos, y son silenciosamente deportados a sus países de origen. En algunos casos, sus familias aceptan la deportación porque son convencidas de que no hay otra opción; en algunos de estos casos, están incluso agradecidas de que el hospital accede a pagar el traslado, dado que algunos hospitales se han incluso negado a hacerlo, dejando los costos a las familias, o de ser posible a los consulados pertinentes.

El caso de Luís es aparentemente el primero en el cual se cuestiona la legalidad del procedimiento, cuando es efectuado sin el consentimiento del paciente o de sus guardianes legales.

Un accidente que le cambio la vida

El viaje hacia el norte de Luís Alberto Jiménez fue propulsado por las ilusiones habituales a casi todos los migrantes de la región. Pago miles de dólares a un contrabandista para cruzar la frontera, con la ilusión de poder en unos años juntar dinero suficiente como para comprar una parcela para cultivar en su Guatemala.

Pero el destino intervino— personificado por Donald Flewellen, un soldador con problemas de drogas y un largo historial criminal. A la hora del almuerzo, el 28 de febrero de 2000, Flewellen deambulaba en el estacionamiento de un supermercado de Palm Beach Gardens, (Florida), cuando los empleados de una compañía de irrigación salieron de su camioneta, dejando las llaves puestas. Aprovechando la oportunidad, Flewellen—con un historial de al menos 14 arrestos—se subió al vehiculo y salio a la calle, sin rumbo fijo.

EN las siguientes horas, Flewellen consumió alcohol hasta un nivel cuatro veces superior al maximo permitido para conducir, y se dirigió con el vehiculo robado hacia el interior, donde se encuentran las granjas agrícolas donde una gran cantidad de inmigrantes guatemaltecos trabajan. A las 4 de la tarde, Flewellen, completamente alcoholizado, se dirigía hacia el este en un camino rural poco transitado, cuando su camioneta embistió frontalmente el automóvil en el cual Jiménez volvía de trabajar, junto con otros dos compatriotas, compañeros también de trabajo. El choque mato instantáneamente a los dos compañeros de Jiménez, y lo dejo a el gravemente herido.

Sin identificación alguna, Jiménez fue trasladado en ambulancia al hospital Martin Memorial. Estaba inconsciente, en shock por la gran perdida de sangre, con fracturas múltiples en piernas, brazos, cráneo, y múltiples heridas internas. Su diagnostico era desesperado.

Pero luego de varias intervenciones quirúrgicas y cuidados médicos, Luís sobrevivió. “Ya no era Luís; era otra persona” contó su primo Montejo Gaspar, al recordar que, antes del accidente, Luís era una persona alegre, vivaz y laboriosa, con pasión por el fútbol. “Luego del accidente dejo de hablar. No entendía nada de lo que pasaba a su alrededor, y se pasaba las horas acurrucado el la cama. Pero al menos esta vivo.”

Durante ese tiempo, el hospital solicito a un abogado local, Martin Banks, que estableciera una custodia legal para Luís, a lo que Banks accedió. “Seguramente que hoy se arrepienten de habérmelo pedido” reflexionaría Banks mas adelante. “El caso tomo vida propia.”

Jiménez, cuya esposa y dos hijos se habían quedado en Guatemala cuando emigro, había vivido poco menos de un año con la familia de Gaspar, que trabaja en el mantenimiento de campos de golf en la zona. Gaspar accedió a registrarse como apoderado legal de Luís durante su recuperación.

Al principio, las cosas iban bien; en el verano de 2000, Jiménez fue transferido a un centro de rehabilitación que accedió a tomarlo bajo la suposición de que era posible el cobro de los servicios a trabes de compañías aseguradoras.

Sin embargo, Flewellen, que se declaro culpable de homicidio culposo conduciendo alcoholizado, robo de automóvil y heridas culposas, no estaba asegurado. Los familiares de Jiménez intentaron entonces responsabilizar a la compañía de irrigación titular de la camioneta por el pago de las costas legales y tratamiento, debido al olvido negligente de las llaves dentro de la camioneta. La demanda fue finalmente desestimada por los tribunales.

En el centro de rehabilitación, Luís comenzó a deteriorarse; sus familiares comenzaron a ponerse ansiosos, y finalmente, fue nuevamente trasladado nuevamente al Martin Memorial—el hospital donde había sido tratado originalmente.
Luís arribo en ambulancia, con un cuadro infeccioso producto de ulceraciones en la piel producidas por la larga estadía en cama tan profundas, que los tendones de las rodillas estaban expuestos. Un medico escribió en su parte que su cuadro infeccioso era posiblemente terminal.

Nuevamente, los médicos de Martin Memorial proveyeron a Luís del tratamiento necesario para salvarle. Los hospitales en los Estados Unidos están obligados por ley a tratar y estabilizar a cualquier persona en caso de emergencia médica, y el gobierno federal provee cobertura a trabes del programa Medicaid para inmigrantes nuevos e indocumentados. Pero los hospitales argumentan que Medicaid solo cubre una fracción de los gastos—en el caso de Luís de 80,000 dólares, según los documentos presentados el tribunales.

Luís permaneció en estado vegetativo, acurrucado en posición fetal en su cama del hospital por un año, dos meses y quince días.
Sin embargo, y para sorpresa de sus familiares y médicos, Luís gradualmente despertó, y comenzó a interactuar con el mundo exterior. “Un día” recordó Gaspar, “llegamos al hospital a visitarlo y me dijo: tu eres Montejo.” A partir de entonces, comenzaría una batalla entre el hospital y Montejo Gaspar, un hombre reservado, cuya habitación en Indiantown tiene por decoración un reloj de pared con la inscripción “we love America”, una toalla playera con las pirámides de Tikal, y una imagen de la virgen Maria labrada en metal.

EL dilema del hospital:

La estadía promedio en el hospital Martin Memorial, es de 4.1 días, a un costo de $8,188. Sus pacientes casi nunca permanecen más tiempo. Aquellos que, como Luís, permanecen por largo tiempo son infrecuentes, pero Luís no es el único caso: su compañero de habitación fue por mucho tiempo un hombre de Jamaica que perdió ambas piernas a causa de la diabetes. El hospital eventualmente le deporto también a el a su país natal.

Sumados a los pacientes con traumas severos, el hospital atiende otros inmigrantes sin cobertura con problemas médicos severos. “en nuestra sala de emergencias, no rechazamos a nadie” asegura Carol Plato Nicosia, la directora de servicios corporativos. “El problema real es cuando encontramos problemas crónicos, y ahora tenemos seis de ellos—seis pacientes que llegaron con deficiencias renales, y están ahora bajo tratamiento de diálisis tres veces a la semana.” Una de las seis personas retorno voluntariamente a Guatemala tras recibir un diagnostico poco esperanzador. “Pero volvió al hospital al poco tiempo, luego de que sus familiares la convencieran de cruzar la frontera nuevamente, tras intentar recibir tratamiento en Guatemala en vano”, continúo Plato Nicosia. “No quiero parecer insensible; un hospital comunitario siempre va a proveer de cuidados para todos lo que lo soliciten. Pero tenemos también muchos ciudadanos americanos que necesitan de nuestra ayuda. Con suerte, nuestro margen de ganancia es de un 3%, y necesitamos hacer inversiones y mejoras para el tratamiento de nuestra comunidad.”

El Martin Memorial reporto un margen total del 3.6 % el ultimo año, y de 6 % de ganancias en 2006. De acuerdo a la información mas reciente disponible, el hospital—que es una institución sin fines de lucro—reporto bienes por un total de $270.6 millones 2006, y sus directores cobran $4 millones en salarios y beneficios.

Los hospitales con exención impositiva deben dedicar una parte no estipulada de sus servicios a causas de caridad. Martin Memorial dedico en 2006 un total de $23.9 millones, cerca del 3% de sus ganancias, lo que lo ubica dentro del promedio habitual en el estado de Florida.

Luís Jiménez era un caso de caridad sumamente caro. En casos como el suyo, de pacientes que requieren cuidados por tiempos largos, los hospitales no pueden dejarlos en la calle. Las leyes federales obligan a los hospitales que reciben contribuciones dentro del programa federal Medicare a asegurarse de que los pacientes sean transferidos a centros de rehabilitación pos-hospitalaria adecuados.

Pero en la mayoría de los estados, el gobierno no provee fondos para cuidados pos-hospitalarios de inmigrantes indocumentados, inmigrantes con visas temporarias, o inmigrantes residentes con menos de 5 años de residencia en el país. (California y New York City son excepciones a esta regla; Medi-Cal, el programa de asistencia de California, gasta $20 millones al año en cuidados de indocumentados por periodos prolongados; gasto similar al de la Corporación de Salud y Hospitales de la ciudad de Nueva Cork.
EL abogado de Martin Memorial, el Dr. Lord, dice que los hospitales no debieran estar obligados a asumir la responsabili9dad financiera y legal de estos casos. “Debería ser una responsabilidad del gobierno” afirma, “o el gobierno debería aplicar su autoridad para efectuar las deportaciones o cualquier otra medida correspondiente a cada caso.”

EN el caso de Jiménez, los médicos del hospital determinaron que lo apropiado en términos médicos era cuidado pos-hospitalario en rehabilitación específica para lesiones cerebrales. Para sorpresa de los médicos involucrados en su caso, Jiménez recupero funciones cognitivas similares a las de un niño de cuarto año de escuela. El hospital procuro sin éxito un programa de rehabilitación para Luís, recibiendo respuestas negativas en todos los casos.

En representación del apoderado legal de Jiménez, Banks requirió al hospital que tome la responsabilidad de proveer a su paciente de la rehabilitación necesaria, aun cuando esto significase asumir los costos de la misma. El abogado afirma que esta responsabilidad hubiera sido beneficiosa tanto del paciente como del mismo hospital. “Hubiera sido la actitud mas eficiente en términos de costo/beneficio para ellos” aseguro, señalando que los costos por DIA de un paciente en un centro de rehabilitación son mucho mas bajos que los costos de mantenerlo en un hospital especializado en cuidados intensivos. “Y si la rehabilitación funcionaba, Luís podrá haberse recuperado como persona con capacidades plenas, en lugar de convertirse en una carga para quienes estén a cargo de su cuidado.” Pero el hospital se negó a subsidiar con fondos propios el cuidado de Jiménez en otra institución: “Una vez que asumes esa responsabilidad, por cuanto tiempo la asumes—un año, diez, veinte?” se pregunta el Dr. Lord.

A esa altura, el hospital intensifico los esfuerzos para involucrar al gobierno de Guatemala en el caso. EN un memo obtenido por el New York Times, un miembro del consulado guatemalteco anoto que el hospital “nos informo acerca de lo caro que el cuidado de Luís se estaba tornando, teniendo en cuenta que no media ningún seguro, y que se trata de un inmigrante indocumentado y por lo tanto, el estado no asume ninguna responsabilidad en su caso.”

Eventualmente, el ministro de salud de Guatemala escribió en una carta al Martin Memorial que su país estaba preparado para recibir a Jiménez, y cuidar de el. Gabriel Orellana, ministro de relaciones exteriores por entonces, pero sin relación directa con el caso, dijo que el gobierno de Guatemala tenía una disposición favorable para la asistencia de una institución americana. “Si un hospital de Florida nos pregunta si podemos ocuparnos de cuidar a un ciudadano guatemalteco, la tendencia es que respondamos afirmativamente.”

Gaspar tenia sus dudas sin embargo; a su entender, el sistema de salud de su país es inadecuado para atender el caso de su primo. Por lo tanto, el apoderado y el hospital llegaron a un impasse, y el hospital entonces decidió llevar el caso a la corte. En 2003, ante un juzgado local, Martin Memorial solicito que se exhorte a Gaspar a cooperar para el proceso de repatriación de Jiménez.

El camino a casa

En la corte de Stuart, una pequeña comunidad afluente, de Florida famosa por la pesca deportiva, George F. Bovie III, abogado representante de Martin Memorial, informo a juez que “este no es un caso simple de dinero, como mucho quieren retratarlo. Este es un caso de un hombre que se encuentra en nuestro país ilegalmente, que ha recibido el mejor tratamiento medico posible en nuestro hospital, que esta listo para ser dado de alta, y cuyo gobierno esta dispuesto a recibir para continuar con su recuperación.” A lo que Banks respondió: “Su señoría, este es un caso acerca de un hospital que no ha hecho su trabajo adecuadamente, y que busca ahora legitimar a través de la justicia el abandono de un paciente en medio de su tratamiento”

Cuando comenzaron las audiencias, Jiménez ya era una figura habitual en el hospital, conocido por todos, recorriendo los pasillos en su silla de ruedas, pasando el rato con las enfermeras. Diana Gregory, enfermera a cargo de la supervisión de casos, señaló en una entrevista reciente que Jiménez–a quien afectuosamente llama Louie–”se convirtió en familia para el staff del hospital, quienes le preparaban tortas para celebrar su cumpleaños, le tejieron mantas y regalaron juguetes en numerosas ocasiones.
De acuerdo con los registros hospitalarios sin embargo, no todo eran pasteles y rosas; Jiménez comenzó a mostrar síntomas de depresión a medida que tomaba conocimiento de su situación. Mostró también signos de regresión. Su comportamiento y ánimo se tornaron cada vez más volátiles, y dolores agudos de cabeza se hicieron mas frecuentes. Desarrollo también hábitos preocupantes, como escupir, gritar, violencia física y defecar en los pasillos del hospital.

En la corte, su doctor–Walter Gil—testifico que Jiménez se beneficiaria en un eventual retorno a la intimidad de su familia. En su hoja clínica, el doctor menciono que Jiménez le habría dicho “Estoy triste.” Cuando el doctor le pregunto por la causa de su tristeza, el le respondió “extraño a mi mujer y mi familia.”

Por su parte, los testigos presentados por el abogado Banks cuestionaron lo que describieran como dudosa oferta por parte del gobierno de Guatemala para asumir el cuidado de Jiménez. El Dr. Miguel Garcés, un reconocido medico guatemalteco especialista en salud pública, declaro que las opciones de rehabilitación son “inexistentes” en Guatemala, fuera de las clínicas privadas, y predijo que, de ser admitido en un centro publico, Jiménez seria dado de baja en unas pocas semanas. “No quisiera que lo envíen a morirse en su casa,” concluyo el Dr. Garcés.

“Nadie quiere que lo envíen a morirse a su casa” replico el abogado representante del hospital.

Unas pocas semanas después, el juez Fennelly fallo: “Esta corte navega en aguas desconocidas.” Admitió luego que su fallo podría provocar disenso, pero opino que “Como Aquinas alguna vez dijo, ‘Lo bueno no es enemigo de lo perfecto’ ” en una grotesca inversión de una cita perteneciente a Voltaire que dice en cambio: “Lo perfecto es enemigo de lo bueno.” Su fallo favoreció la petición del hospital, ordenando a Gaspar que colabore con el plan del hospital para repatriar al paciente en Guatemala.

Banks, sorprendido y decepcionado, inicio inmediatamente el tramite de apelación, y solicito a la corte que mantenga la ejecución del fallo pendiente hasta tanto se expida el tribunal de apelaciones. EL juez entonces pidió al hospital que expida su respuesta antes de las 10 de la mañana del 10 de julio; momento en el cual el juez decidiría sobre el pedido de posponer la aplicación del fallo. Sin embargo, ese mismo DIA a las 6 de la mañana, cuatro horas antes del vencimiento del plazo para presentar la respuesta, una ambulancia recogió a Jiménez y lo llevo hasta el aeropuerto del condado, en el que le esperaba una avioneta ambulancia para transportarlo a Guatemala. Gaspar no fue notificado: “Fuimos al hospital y su cama estaba vacía” recordó. El abogado del hospital no preciso las razones por las cuales no esperaron el fallo del juez para realizar el traslado.

De acuerdo con el informe que consta en el Hospital, la enfermera Diana Gregory viajo con Luís, llevando con ellos una silla de ruedas, medicinas suficientes para una semana, algo de comida y un pasaporte de emergencias, en el que figuraba como única firma una huella dactilar de Luís. Por su parte, Luís se llevo una gorra del equipo local de béisbol, y un teléfono celular de juguete. Durante el vuelo, Luís dormito, hojeo algunos libros con ilustraciones, y miro por la ventanilla del avión el cielo y el paisaje. Una ambulancia lo esperaba en el aeropuerto para llevarlo al Hospital nacional de rehabilitación, ubicado en el centro de la ciudad.
Gregory le acompaño al hospital, y tras recorrerlo declaro estar impresionada, no solo por el lugar, sino por el orgullo de sus trabajadores, a pesar de un equipamiento que “bien podría estar en un museo”. Mientras Gregory recorría el hospital, Luís conversaba con la gente del hospital, “contando a todo el mundo que el era de Miami, Florida, y mostrando su teléfono de juguete.” Satisfecha por haber contribuido a devolverle a su tierra natal, la enfermera se despidió, anotando en su diario “Dejo Guatemala confiada en que hice lo correcto”

El cuidado en Guatemala

Inmaculadamente limpio y desactualizado, el hospital nacional de rehabilitación y ortopedia de Guatemala opera con un presupuesto anual de unos $400,000, de acuerdo con el Dr. Harold Von Ahn, su director cuando Jiménez arribo. La mitad del hospital esta dedicado a tratamientos ortopédicos, mientras que la otra mitad funciona como un asilo para personas con discapacidades severas. Aunque es el único centro público de esas características en el país, solo cuenta con 32 camas para rehabilitación, y no ofrece tratamiento especializado para daños cerebrales que Luís precisaba.

EL ministerio de exteriores de Guatemala revelo que tiene conocimiento de 53 repatriaciones realizadas por hospitales estadounidenses en los últimos 5 años. Durante una visita de este periódico al hospital nacional en Junio, el arribo mas reciente era Diana Paola Miguel, de 18 años de edad, deportada por el University Medical Center de Tucson nueve días después de sufrir múltiples fracturas de cadera en un accidente de transito. Luego de la cirugía reparadora, el hospital la envió de vuelta a Guatemala. Inmovilizada en la Camilla, Diana estaba aun demasiado traumatizada para poder hablar de la experiencia.
EL Dr. Von Ahn cree que los hospitales Americanos se están deshaciendo de pacientes que son su responsabilidad. “Es como el ejemplo de alguien que se cae el las escaleras” comparo. “Tu vienes a mi casa, te caes en mi escalera, y me puedes hacer juicio, porque yo soy responsable.”

Al poco tiempo del arribo de Luís, el hospital contacto a su esposa, Fabiana Domingo Laureano, que vive en La Antigua con sus dos hijos, pidiendo que venga a buscar a su marido. La Sra. Laureano, que tenia 27 años entonces, estaba sorprendida de enterarse de que su marido estaba de vuelta, y aterrada por el pedido. Ella se gana la vida vendiendo tejidos en un mercado, y comparte una habitación con sus dos hijos en la casa de sus padres.

“Yo ya estaba viviendo al día,” dijo en una entrevista, “Como podría hacerme cargo de cuidarlo a el también?”

Cuando se conocieron, Luís y Fabiana eran adolescentes en la comunidad de Soloma. A mediados de los 90, se fueron a La Antigua, una ciudad cuya principal actividad es el turismo; ella vendía ropas, y el vendía boletos de autobús. Entre los dos, ganaban unos 6 dólares por DIA, que no alcanzaban para mantener a la familia, por lo que Luís decidió, junto con Francisco Gaspar—el hermano de Fabiana—irse para el norte. Fue entonces cuando cambio su nombre original–Gervasio Gaspar—por el de Luís Jiménez, por el cual es conocido hoy.

Tras pagar a un coyote alrededor de 2000 dólares cada uno, cruzaron la frontera por California, llegando a Encinitas, el pueblo donde el hermano de Jiménez vivía.

Tras intentar en vano conseguir trabajos fijos, Gaspar empezó a sufrir ataques de pánico, y decidió regresarse a Guatemala. Luís por su parte, decidió probar suerte en Florida. “Lamentablemente,” pensó Gaspar, “la suerte no lo acompaño.”
Luego de que el hospital contactara a Fabiana, Telemundo, la cadena de habla hispana de televisión estadounidense, la llamo para ofrecerle llevarla a Guatemala City, para que se reencuentre con su marido. La cadena posteriormente transmitió el encuentro. Frente a las cámaras, Luís le pregunto “Tu eres Maria, por casualidad?”

“Fabiana,” respondió ella. Los dos niños permanecieron a su lado, en silencio.

Pocas semanas después, cuenta el Dr. Von Ahn, el hospital dio a Luís de alta “porque necesitábamos la cama”, transfiriéndole al San Juan de Dios, otro hospital publico. Fue allí donde su hermano, Enrique Lucas Gervacio, le encontró. “Estaba tirado en una Camilla, cubierto en su propio excremento” recordó. “Así que lo limpiamos, y nos lo trajimos para casa”.

A favor de Jiménez

En Mayo de 2004, una corte de apelaciones de Florida anulo el fallo del juez Fennelly. El 4to distrito de apelaciones opino que el juez había sobrepasado sus capacidades, ya que las decisiones de deportación son prerrogativas del gobierno federal. La corte también declaro que no existía evidencia de que Jiménez recibiría los cuidados adecuados en Guatemala, como afirmara el hospital. El plan de alta, dice el fallo, no contenía la información mínima requerida por el gobierno federal, ni por los procedimientos de alta del mismo hospital.

La corte de apelaciones entonces anulo la orden del juez, aunque esta decisión llego demasiado tarde para Jiménez, que ya estaba en Guatemala. Pero la decisión de la corte podría afectar otros casos similares en el futuro. En el ámbito judicial, este tipo de decisiones son denominados de “primera impresión”, en este caso, sobre las repatriaciones hospitalarias.

John DeLeon, un abogado que asesora los consulados de México, Honduras y Guatemala en Miami, dice que ahora la utilice como referencia cuando recibe llamadas de hospitales en situaciones similares. “Ahora escribo la que denomino mi “carta Montejo Gaspar””dice el abogado. “Esta carta dice, ‘piensen bien antes de deportar a este individuo, ya que tendrán que enfrentar acciones legales. La ley establece ahora que los hospitales no pueden deportar pacientes sin antes asegurarse de que van a recibir los cuidados apropiados en destino. Si alguien esta seriamente enfermo y necesita cuidados, los hospitales no pueden simplemente dejarles en la calle, mucho menos ponerlos en un avión’”

DeLeon dice que fue “bombardeado con casos similares”, añadiendo que estaba investigando otra repatriación realizada por el Martín Memorial, que tuvo lugar dos semanas atrás “por detrás del gobierno mexicano”

Martin Memorial confirmo que en Julio 16 deportaron a Neptalí Díaz, un paciente con daños cerebrales severos a México. Una orden judicial aprobó la transferencia a un hospital no identificado en México, finalizando así una estadía de 859 días y $2 millones de dólares en el Martin Memorial.

Tras el fallo a favor de Jiménez, Martin Memorial no apelo. Pero el caso no ha terminado: el fallo dio lugar a una posterior demanda por daños en favor de Jiménez, radicada por una firma de abogados de West Palm Beach. Gaspar asimismo inicio una demanda por retención ilegal, alegando que su primo fue secuestrado por el hospital, y trasladado ilegalmente a otro país sin su consentimiento. Desde entonces, los tribunales han fallado a favor de Jiménez, sugiriendo que el hospital puede ser demandado por daños punitivos, y correr con los costos del cuidado posterior de Jiménez.

Esto indigna a Plato Nicosia, la administradora del hospital, que dice que, por el contrario, es la familia de Jiménez la que debe dinero al hospital, y que si ganaran el caso, debieran utilizar el dinero para pagar las cuentas por la internacion de Jiménez.
Jack Scarola, representando a Jiménez, dice que comprende el daño económico del hospital, pero que se trata de un claro caso de “quid pro quo” en el que el hospital acepta subsidios estatales a través de los programas Medicare y Medicaid, y que como contraparte tiene que hacerse cargo de este tipo de pacientes. “Además,” continua, “eligieron la manera menos adecuada para resolver la situación. La manera correcta es a trabes de la legislatura. No hay hoy DIA un programa adecuado para tratar este tipo de situaciones, y debiera haberlo. Pero eso no implica que ellos pueden poner a uno de sus pacientes en un avión y deportarlo sin mas”.

Sopesando calidad de vida

EL camino a Jolomcú es arduo; así lo definieron el abogado, el asistente legal, el sacerdote y el bioeticista que conforman el asesoramiento legal de Jiménez tras su primer viaje para encontrarse con el.
Luego de cinco horas en carretera desde Guatemala ciudad hasta Huetenango, sigue un camino de cornisas y montañas hasta la ciudad de Soloma. Desde allí, una senda peatonal conduce hasta la casa de Jiménez. Y allí estaba el, esperándoles en su casa de un solo cuarto: “La primera sorpresa fue su disposición: el estaba muy contento” señaló el Reverendo Frank O’Loughlin, quien trabaja desde hace años con trabajadores migratorios en el sur de Florida. “La segunda sorpresa fue que estaba bien cuidado. Le abrace y note que estaba limpio, sin ulceraciones.”

De regreso a Huehuetenango, Marnie R. Poncy, una enfermera-abogada a cargo de un Proyecto de bioética y leyes en Palm Beach County, compartió su visión: “SU calidad de vida aquí es mejor que la que hubiera disfrutado en una clínica de rehabilitación en Estado Unidos” “Pero también supongo que su probabilidad de sobrevida será mas breve.”
Aun así, el equipo legal concluyo que no había ningún motivo que les llevara a concluir que Luís debía ser trasladado nuevamente a Florida. EL padre O’Loughlin dijo. “Tenemos que enfocarnos en conseguir ayuda para el aquí en Guatemala.”

La ayuda se hace esperar

Cuando este cronista de The Times fue a visitarlo en Junio, Jiménez aun no había salido de su casa, ni había recibido visita medica alguna. Con su madre muy anciana como para ayudarle a subir a la silla de ruedas, la vida de Luís poco a poco se había confinado a su cama, pegada a la de su madre.

Unos días antes de la visita, había sufrido un ataque de apoplejía especialmente violento. “casi se muere” comento su madre en Kanjobal, el idioma de la región, “Por muchos años, levo cuidándole como si fuera un bebe, cambiándole los pañales y lavándole. Pero ahora es mucho peor; tengo miedo de dejarlo solo por un momento.” Y tiene razón para estar preocupada, admitieron los médicos consultados para esta nota. Los pacientes que sufren ataques de este tipo corren serios riesgos de dañarse a si mismos, y de serios traumas cerebrales.

Aun así, la Sra. Gervacio lo deja solo por momentos, cuando va a misa, cerrando la puerta tras de si y esperando lo mejor. “Me da mucho miedo cuando me dejas solo!” le dijo Luís a la mama, revelando que efectivamente estaba siguiendo la conversación con la cronista, que por momentos transcurría como si el no estuviese presente. Dado el estado de salud de la madre, la familia esta preocupada por el futuro. “que va a ser de mi cuando mi mama ya no este aquí?” se pregunta Luís. “ese es mi mayor miedo”.
La memoria de Jiménez es parcial, y dice no recordar nada de su tiempo en los Estados Unidos—no recuerda su trabajo, ni el lugar donde vivía, ni el accidente, o la estadía en el hospital. Si recuerda en cambio los sueños que le hicieron emprender el viaje para allí: “Me fui para el norte con una mochila, determinado para que me vaya bien. Otra gente lo hizo antes, y pensé ‘por que no yo?’. Pero ahora me arrepiento. Quizás dios me está castigando por mis ilusiones.”

“No, Luís,” interrumpió el interprete, “fue solo mala suerte, un accidente de coche”

En Guatemala City, el Dr. Garcés, dice que no le sorprende que, tal como lo predijo, Jiménez nunca recibió la atención médica necesaria. “Es la historia de todos los pacientes una vez que son dados de alta por el Hospital Nacional de ortopedia”. El Dr. Garcés se refiere a la repatriación de Jiménez como “inhumana”.

“En casos como este, si se interrumpe la atención, se daña al paciente” afirma. “están hacienda exactamente lo opuesto a lo que se debiera hacer, y eso va en contra de toda convencion internacional de salud y derechos humanos. Es muy probable que el muera como consecuencia de esta decisión, y eso no es justo”.

Sin una evaluación adecuada, los médicos no pueden establecer las posibilidades de recuperación y supervivencia de Jiménez. Si sus guardianes legales ganaran el juicio, “seria posible establecer un tratamiento adecuado en una practica privada que pueda proveer los servicios que el requiere” dice el Dr. Garcés. Pero el proceso legal puede tardar años.

EL DIA de la visita de esta cronista, Jiménez almorzó huevos, tortillas y agua azucarada. Su abogado, Banks, le dio un obsequio de sus primos en Florida—una bolsa que contenía pantalones, medias y camisetas. Jiménez miró las ropas desinteresado, pero cuando vio la carta que acompañaba el paquete, su Mirada brilló.

A pesar de las lesiones cerebrales, Jiménez podía leer. Aliso el papel, y comenzó a leer la carta de Gaspar: “Te envío algunas cosas, Luís, y espero que te gusten.”

Al principio, Jiménez leyó entrecortado, y luego más fluido. Mas tarde, cuando los visitantes salieron de la casa, leyó el final de la carta para si, en voz alta: “Quiero decirte” leyó, “que te extrañamos y te queremos mucho. Que Dios te bendiga.”

Jiménez sonrió y repitió, suavemente “Que Dios te bendiga”

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