Programa DEMOS: Construyendo una ciudadanía responsable

Enero 24, 2008

Programa DEMOS: Construyendo una ciudadanía responsable

Utilizando juegos de simulacion y herramientas de pensamiento critico, el programa DEMOS promueve la ciudadania activa en jovenes de Argentina y Uruguay

Por: Agustín Frizzera (agustin.frizzera@gmail.com)
y Valeria Merkin (valeria@sumando.org.ar)

1. La crisis

El nacimiento del programa Demos, Construyendo una Ciudadanía Responsable está ligado indisolublemente a la crisis que sufrió la Argentina en 2001. Ese año marca un hito en nuestra historia: es el año en el que la degradación político-institucional (devenida económica y social) alcanzó niveles intolerables. Por entonces, los autores de este artículo teníamos 22 años y cursábamos nuestros estudios universitarios.

Demos se gestó, así, en una época de vital importancia para nosotros. Nació, además, como respuesta al hostil contexto dibujado por la mayor crisis de la historia argentina moderna. Su diseño, en tanto programa no-formal de educación cívica, es la obra de más de 20 estudiantes de ciencias sociales preocupados por lo que veíamos a nuestro alrededor.

Las alarmas empezaron a sonar en nuestra cabeza luego de las elecciones legislativas. En ellas, el 42,3% de los habilitados para votar no se pronunció por ninguna de las opciones ofrecidas por el “mercado electoral”. Este fenómeno se popularizó bajo el nombre de “voto bronca”.

La “bronca” había servido de poco; no impidió que las bancas en juego fueran ocupadas, en su totalidad, por nuevos Diputados y Senadores. Estos “representantes”, ubicados tan lejos, hicieron una curiosa lectura del fenómeno: decían estar “preocupados” por la “apatía ciudadana”. Indudablemente, el “voto bronca” fue consecuencia de la escasa participación y e interés que la política generaba en el ciudadano. Nos parecía la consecuencia lógica de una sociedad civil decepcionada, impotente e inmadura. La demonización de la actividad política no era producto de la “apatía”, sino resultado de un largo proceso de desafección. Este fenómeno, definido claramente por diversos intelectuales, podría resumirse de la siguiente manera: aún considerando que la democracia era el sistema en el que los argentinos debíamos seguir viviendo, un número muy importante de ciudadanos decidieron desentenderse de lo que pasaba con la democracia que teníamos. El “voto bronca” simbolizó el rechazo a los políticos profesionales.

La desafección nos inquietó. Y creímos que también debía preocupar a nuestros “representantes” que, lejos de tenerlo “más fácil”, experimentarían problemas para desarrollar su función con legitimidad suficiente. El día de la elección, la frase más escuchada en las colas para ir a votar era “es igual uno u otro; son todos unos ladrones”.

Al poco tiempo, nuestra nerviosa curiosidad nos llevó a una conferencia en la que intervino un funcionario del Ministerio del Interior, encargado de la seguridad interior. La tensión (que se respiraba y se vivía) desvió a este hombre-gris del guión pautado y concluyó su intervención con una defensa corporativa de la clase política. Ante un auditorio poco favorable, dijo (sin ruborizarse): “a mí no me van a sacar de mi puesto, trabajé mucho para llegar ocupar este lugar. Si me quieren sacar de este sillón, tendrán que tirarme de él.”

A esa altura, ya nos habíamos acostumbrado a las bajezas de los protagonistas de la política argentina, a su argumentación oportunista, a su pirotecnia falaz. Aquella jornada nos preguntábamos: “ un ´representante´ como éste ¿de qué nos sirve? ¿en qué nos ayuda?”.
La conferencia había sido para nosotros un auténtico bochorno. Constituyó el gráfico más acabado de los excesos de una clase política antigua y mediocre. Nos decepcionó la cortedad de sus horizontes, la falta de imaginación y, en definitiva, la crueldad autista con que presentó su análisis en términos de supuesto realismo. Nos volveríamos a acordar de él una tarde de diciembre.

El 20 de diciembre de 2001 podría ser comparado con el 11-S en el siguiente sentido: fue una jornada de conmoción. Un momento grabado a fuego en la memoria colectiva. Todos los neoyorquinos recuerdan qué estaban haciendo cuando se enteraron del ataque. Los porteños recordamos qué estábamos haciendo el 20-D como el presagio de un verano infernal.
Aquél día, un grupo importante de ciudadanos se concentró en la plaza central de nuestra ciudad (Plaza de Mayo) al grito de “que se vayan todos, que no quede ni uno solo”. Esta fórmula emblemática, dirigida a la Casa de Gobierno, era la expresión de la profunda crisis de representación y legitimidad del sistema político. Durante esa jornada, aquél mismo funcionario gris (a quien decidimos no nombrar) ordenó la represión policial de los manifestantes que dejó un saldo de 6 muertos y 93 heridos. El programa Demos se volvió un testimonio desesperado de la necesidad de revitalizar el nexo entre la sociedad civil y la política como estrategia de fortalecimiento de la democracia. Siempre lo planteamos como un aporte humilde y acorde a nuestra posición en la sociedad. Si nosotros somos los primeros niños de la “recuperada” democracia argentina; el programa educativo que creamos es hijo de la crisis del 2001. El drama había traido consigo una oportunidad.

2. Ciudadano no se nace, se hace.

Partiremos de un dato elemental: nadie nace ciudadano; la ciudadanía es un proceso. Agregaremos otra obviedad: nadie nace demócrata; la democracia tiene mucho que ver con el estilo de vida que aprendemos a practicar.

Enunciaremos una hipótesis: la evolución de una democracia-representativa hacia una democracia-participativa puede reducir la brecha entre la sociedad civil y la política.
Creemos que la participación ciudadana es un bien social en sí, y es además beneficiosa desde el cálculo instrumental. Es decir, consideramos que la participación ciudadana no sólo edifica mejores ciudadanos, sino que también acerca las políticas públicas a la factibilidad.
Sin embargo, para que los ciudadanos puedan utilizar los canales participativos ya existentes, tienen que conocerlos. Asimismo, para crear nuevos espacios o protocolos participativos, debe haber ciudadanos interesados en formar parte de ellos.

Lo dicho justifica una creencia: sin educación cívico-política, la democracia de calidad es inviable. Educar ciudadanos para la democracia es clave en el camino hacia la regeneración del anacrónico sistema liberal representativo que tenemos. Estimular el espíritu cívico puede conducir hacia una regeneración pacífica y consistente de instituciones y leyes. Esto, a su vez, implicaría un nuevo aumento del espíritu cívico, creando un círculo virtuoso de retroalimentación.

La escuela media argentina tiene en su currículo una materia llamada “Educación Cívica”. Nos parece que los contenidos de la asignatura son el general correctos. Sin embargo, creemos que no es eficiente en la consecución de los objetivos planteados. La Educación Cívica aparece como un elemento aislado en la vida colegial. Es una asignatura que atiende sólo a factores cognitivos. Es decir, ofrece un enfoque que transmite conocimiento útil, pero independiente del desarrollo personal del alumno. “Socializa” a partir de valores basados en la autoridad que repiten normas rígidas y presentan la responsabilidad como algo independiente del sujeto.
Demos fue pensado como un complemento no-formal a la materia de Educación Cívica. O sea, un refuerzo de lo cognitivo que apunta, sobre todo, a aspectos volitivos: Demos pretende abrir la puerta a la participación e invita a traspasarla.

El programa apunta en principio a la sensibilización democrática por un simple motivo: sin ella, es imposible ser demócrata o exigir democracia. En una segunda instancia, aspira a ofrecer un mensaje claro: la mejor forma de aprender a participar es participando. Se aprende a ser ciudadano ejerciendo la ciudadanía.

3. Demos: el programa

Demos, Construyendo una Ciudadanía Responsable nace en 2001 Es un programa educativo que apunta a la creación de capital social, incentivando la participación ciudadana responsable de la juventud en todos sus ámbitos de incidencia (político, social, económico, ambiental, consumo, etc.). Es una invitación a que los jóvenes se involucren en lo público, puedan comprometerse y participar activa y responsablemente.

El programa está dirigido a jóvenes entre 16 y 18 años y se desarrolla gratuitamente en escuelas públicas, privadas, laicas y religiosas de todos los niveles socioeconómicos de la Argentina desde el año 2002. Hasta el momento, se realizaron 227 experiencias en las que participaron más de 6.600 jóvenes de Ciudad y Gran Buenos Aires, Misiones, Chubut y Uruguay.
Demos es en los hechos una puerta, una herramienta que invita a la reflexión, al compromiso y a la búsqueda de un cambio posible. Permítannos compartir con ustedes esta experiencia…

¿Cómo funciona?
Demos se estructura en tres etapas, que marcan tres niveles de abstracción pedagógica. La Primera Etapa es un módulo de formación en ciudadanía responsable. La Segunda Etapa es un juego de simulación política. La Tercera Etapa propone a los jóvenes ejercer la participación y la conciencia ciudadana en la práctica.

La Primera Etapa trabaja en la construcción colectiva de conocimiento a través de la indagación a los jóvenes respecto de sus conocimientos o intuiciones, ¿Qué es la ciudadanía responsable? ¿Qué implica ser ciudadano? ¿Qué significa Demos? ¿Dónde nace la Democracia? ¿Por qué?
Lo destacable de esta etapa es que aborda la noción de ciudadanía a partir del concepto de responsabilidad en la acción. Esto permite que los participantes reconozcan que cada una de sus acciones, aunque individuales, tiene un impacto en el conjunto de la sociedad.
Durante el juego de simulación, Segunda Etapa del programa, los participantes personifican actores relevantes del escenario político y social o institucional de la Argentina (Presidente de la Nación, Ministros, Secretario General de un sindicato, Representante de un organismo internacional, Director Ejecutivo de una ONG, Diputado, miembro de la opinión pública, entre otros). El objetivo del juego de simulación es la sanción de una Ley de Presupuesto Nacional. El juego plantea un conflicto de intereses y propone a los jóvenes, ubicados en sus roles, debatir hasta alcanzar una manera consensuada de resolver el conflicto en un marco democrático. Para ello, cada uno de los participantes cuenta con información didáctica exclusiva a su rol (quién es su personaje, cuál es su ideología, cuáles su intereses y preocupaciones, objetivos, medios para alcanzarlos y un pequeño esquema de alianzas).

El juego de simulación se convierte en la excusa para que los jóvenes reflexionen y experimenten los desafíos de un proceso de negociación política; ejerciten su capacidad de diálogo y respeto por el otro; y aprendan que el camino para la consolidación democrática supone una ciudadanía activa que controla las decisiones de gobierno y se involucra directamente en la construcción de lo público.

El cierre del juego es un espacio de reflexión y debate. Aquí no sólo se analizan y discuten cuestiones relativas al juego; sino que, sobre todo, se intenta trasladar la simulación a la realidad. Esta instancia consolida a la Segunda Etapa como un dispositivo de sensibilización: apunta a generar entre los jóvenes un acercamiento reflexivo a su rol como futuros ciudadanos.
Así, durante el cierre, los participantes reflexionan sobre la relación entre ciudadanos y representantes; la complejidad de una negociación; la importancia de aceptar los intereses y posturas del otro; las implicancias de generar un proyecto común; las diferencias entre el bien individual y el bien común; la relevancia de la información y la consciencia a la hora de participar. Esta dinámica final fue elaborada sobre las bases de la educación popular. Se busca que los jóvenes encuentren un espacio desde el cual construir el conocimiento a partir de su propia realidad (intereses, inquietudes y problemáticas) con la participación y la ciudadanía responsable.

Coordinar el cierre es uno de los desafíos más atractivos de la experiencia. Para describir nuestro rol, solemos utilizar una figura: nos imaginamos colocando pequeños andamios para que sean los participantes los que edifiquen su obra (“construcción del conocimiento”). La labor es compleja y requiere saber exactamente el momento en que esos andamios dejan de ser necesarios y pueden retirarse. La satisfacción la ubicamos en la manera en que se construye el conocimiento: en los silencios, en las manos alzadas y el cuerpo al borde de las sillas que conforman el círculo, en el “tomar” la palabra.

Muchas veces, tomar la palabra supone para un participante poner en cuestión sus propios argumentos (“Pude ponerme en el lugar de un gobernante, me permitió pensar cuan difícil es conformar a todos y que cada uno debe aportar su parte para formar un todo.” nos dijo una alumna del colegio Río de la Plata). La riqueza la encontramos en aquellas cuestiones que no se afirmaron categóricamente. El mayor aporte de la Segunda Etapa del programa es probablemente dejar interrogantes, inquietudes y ganas que perduran en el tiempo.
La Tercera Etapa propone ejercer la participación. Ofrece a los alumnos la plataforma para generar y gestionar un proyecto dirigido a incidir en la mejora de lo público. Les permite, así, el pasaje de la retórica a la acción a través del diseño, planificación y ejecución de un Proyecto Comunitario. Esta etapa fue agregada al esquema de Demos a partir de las demandas de los propios participantes.

Para ilustrar el potencial de la Tercera Etapa nos referiremos a una de las experiencias, realizada por las/los jóvenes del colegio Nuestra Señora de los Milagros del pueblo de Piraí (provincia de Misiones). La primera reunión nos encontró frente 13 jóvenes que manifestaban, con entusiasmo, las ganas de llevar adelante un Proyecto Comunitario pensado para la mejora de su comunidad. En primer lugar, desarrolaron las hipótesis de trabajo usando una simple metodología para el diagnóstico y relevamiento de las problemáticas . Sistematizaron así la información necesaria: tipo de problemática, instituciones que existen, características de la población asistida, actividades, horarios, recursos y necesidades.

La decisión de trabajar con el Merendero Comunitario del barrio Unión fue unánime. El merendero atendía 50/60 chicos por día. Sin embargo, debido al escaso apoyo que recibían de la comunidad, el merendero debio cerrar luego de que la Municipalidad dejara de asistirlo Según los chicos, el principal inconveniente era la falta de solidaridad–nadie quiere hacerse cargo.
Se evaluaron entonces diferentes ideas para poner la ayuda en marcha: convocar a los padres de los chicos que asistian al merendero para que colaboren, buscar donaciones, hacer una carta al Intendente y coordinar el merendero con otras instituciones. Pero la opción que finalmente se impuso los ubicó en el centro de la escena: serían ellos mismos quienes colaborarían con el merendero, asistiendo a dar la merienda.

Esta idea entusiasmó mucho a los jóvenes. Por primera vez, pudieron visualizarse como factor de cambio, como generadores de una acción que los comprometía y podía comprometer a los demás actores de la comunidad. Diseñaron entonces una campaña que convocó a vecinos y comerciantes de la zona para la reapertura del merendero. Los jóvenes diseñaron un contrato, una alianza, y pidieron, casa por casa, la colaboración de la comunidad. Se pedía la donación de 1 Kg. de leche en polvo por mes. Si obtenían una respuesta positiva hacían que el vecino firmara su compromiso.

El resultado de la campaña fue que más de 40 vecinos se comprometieron con el proyecto, proveyendo mensualmente 56 Kg. de leche, 7 Kg. de azúcar, una garrafa de gas y 70 panes diarios. Asimismo, se obtuvieron donaciones únicas; entre ellas, la cantidad de pintura necesaria para “lavarle la cara” al merendero.

En este caso, un grupo de 13 jóvenes entre 16 a 18 años movilizó a la comunidad con el fin de transformar un estado de situación. Así, lograron que el merendero reabra sus puertas y generaron un esquema sustentable a partir del compromiso de los vecinos. En lugar de quedarse varados en el reclamo o en la resignación, decidieron pasar a la acción y convertirse en factor de cambio de su propia realidad. Este “pasaje a la acción” estuvo marcado por sus buenas intenciones y el respeto hacia los vecinos (colaborasen o no). El proyecto estuvo guiado por el compromiso y un indudable sentido de justicia.

Es difícil para nosotros poner en palabras lo que significa acompañar éste y cada uno de los Proyectos Comunitarios. Nuestro rol consiste en alentarlos, en ayudarlos a no bajar los brazos ante los obstáculos. Pero también, nuestro papel es “adelantar” la confianza; trasmitirles que pueden mejorar, transformar o cambiar la realidad que los rodea.

Cuando el proyecto termina, los participantes realizan una evaluación conjunta de la experiencia. Ese último círculo nos une a todos en la satisfacción, es uno de los momentos mágicos del programa. Y que trae otra pregunta: “¿Qué vamos a hacer, ahora, sin su ayuda?”
Respondemos siempre lo mismo: “El proyecto nunca fue nuestro; confiamos en que seguirán adelante”.

4. Ciudadanos, siglo XXI.

La desafección democrática configura un escenario en el que la ciudadanía–y, en especial los jóvenes–dejan de preocuparse, participar e involucrarse en la construcción de lo público. Esto crea un círculo vicioso de degradación constante de la vida pública que hace difícil creer en ciudadanos deliberantes y activos.

Sin embargo, todo parece indicar que el ciudadano-participativo queda mejor situado en el siglo XXI. En primer lugar porque no es presa fácil de demagogos reaccionarios disfrazados de demócratas para la ocasión. En segundo, porque permite pensar en un escape del obsoleto esquema de la agregación individual de preferencias. En su lugar, el ciudadano-participativo somete sus aspiraciones a filtro: mi bien particular sólo cuando contribuye, o es compatible al menos, con el bien común.

El desafío que tenemos hoy es el de regenerar el sistema y los métodos democráticos, adaptarlos a la sociedad de la comunicación y de la informática. Se trata de corregir las graves deformaciones del modelo liberal de representación indirecta. Ello no será posible sin un mínimo espíritu democrático. Cada vez que termina una experiencia de Demos, renovamos nuestro compromiso con el convencimiento de que los jóvenes tienen mucho que decir(nos).
Nuestra experiencia nos permite sostener lo que siempre tuvimos claro: los jóvenes no son apáticos, tienen intereses e inquietudes. Ante espacios genuinos, son capaces de pasar a la acción sin la expectativa de poner en jaque al sistema o revelarse violentamente contra normas o convenciones. Creemos, por tanto, que es fundamental que los espacios para la participación juvenil se multipliquen. Entendemos que los jóvenes, desde sus particularidades, pueden transformar o modificar la realidad que nos rodea. Nuestra responsabilidad como adultos es auspiciar acciones en las que puedan sentirse protagonistas.

Los jóvenes merecen actuar con la ilusión de generar cambios que mejoren su entorno. Tienen derecho a pensar que el contexto no es rígido y ajeno sino que es flexible y, también, les pertenece.
Los jóvenes pueden ser ejemplo y motor de una nueva cultura democrática. A nosotros nos enseñan, cada semana, que no debemos quedarnos de brazos cruzados.

2 Responses to “Programa DEMOS: Construyendo una ciudadanía responsable”

  1. Autoautobombo « CAMINAR es TODOon Marzo 13th, 2008 6:52 am

    […] artículo está vinculado en .pdf (versión impresa) y en la web (versión digital). Es algo largo, pero tiene (un poco) que ver con lo que se discutía en el […]

  2. hernanon Marzo 19th, 2008 4:56 pm

    Respondiendo a autoautobombo, el título del artículo fue cambiado para su publicación por motivos meramente editoriales. La idea fue dar desde el título una referencia concreta acerca de los temas abordados en el mismo. EL título original enviado por los autores fue: “Haciendo real el sueño imposible”. En Idebate.ñ no practicamos ningun tipo de censura; al igual que cualquier publicación, el equipo editorial realiza sin embargo trabajo de edicion, a veces para corregir errores ortográficos, de tipeo y estructurales, y otras con el fin de esclarecer los contenidos del material.
    Saludos, Hernán Bonomo - Director de Idebate.ñ.

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